NACIONAL Jueves 1º de julio de 2021.
- Onel Ortiz

- 1 jul 2021
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Madres y padres de familia de niños con cáncer realizaron un bloqueo en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que duró poco más de nueve horas, para exigir abasto de medicamentos que requieren. “Nuestros hijos quieren vivir, Presidente” y “López-Gatell cuéntanos bien” son algunas de las frases escritas en las cartulinas que llevaron consigo los manifestantes que cerraron también la circulación del Circuito Interior. A la manifestación se sumaron integrantes de organizaciones que también se han visto afectados por el desabasto de medicamentos oncológicos.
Los aguacateros que conforman el grupo Pueblos Unidos exigieron a las autoridades que antes de quitarles sus rifles, primero desarmen a las bandas del narco que operan en Michoacán. “Que volteen a ver Aguililla y todo Tierra Caliente... ahí sí están los verdaderos delincuentes”. Además se dijeron a la espera de la seguridad que les ofreció el presidente López Obrador la semana pasada En su conferencia mañanera del 24 de junio, el mandatario se comprometió a reforzar la seguridad en Ario de Rosales, Salvador Escalante, Nuevo Urecho y Taretan, pero hasta ayer estos continuaban vigilados solo por los pobladores armados.
Tras las elecciones del 6 de junio, las masacres o multihomicidios repuntaron en el País. Luego de una tendencia de cinco meses a la baja, junio cerró con 10 multiejecuciones, con lo que se convirtió en el peor mes del año por ataques de este tipo. Catalina Pérez Correa, profesora investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), atribuyó esta violencia a rompimientos de acuerdos políticos en mercados ilícitos, tras la reconfiguración electoral. Estas multiejecuciones han ocurrido en Guanajuato, Baja California, Ciudad de México, Veracruz, Zacatecas, Tamaulipas, Guerrero, Jalisco, Chihuahua, Michoacán, Estado de México, Sonora, Nuevo León, Chiapas, San Luis Potosí y Tabasco. En enero, se registraron 12 masacres, con 88 muertos; posteriormente, las multiejecuciones de este tipo disminuyeron a seis durante febrero; cuatro en marzo; cuatro en abril, y cuatro más en mayo.
Columnas:
Jorge Zepeda Patterson, “A medio camino”, en Milenio, escribe que tres años de haber triunfado y a tres de dejar el poder, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se encuentra literalmente a medio camino, ahora buscará que esa expresión no se convierta en una suerte de epitafio. La ambiciosa cuarta transformación prometida al tomar posesión, es decir, nada más y nada menos que un cambio de régimen, corre el riesgo de quedar en una versión incompleta o trunca como resultado de una frustrante mezcla de factores: la imprevisible y devastadora epidemia del covid-19, las muchas resistencias encontradas por parte de otros actores políticos y económicos y, desde luego, los propios errores y limitaciones de concepción e instrumentación. Dicho lo anterior, a mi juicio las intenciones planteadas por López Obrador eran correctas. El gobierno de Enrique Peña Nieto terminó en el descrédito ante la indignación provocada por la corrupción, la frivolidad, el despilfarro, la expoliación del Estado en favor de una élite enriquecida, el desinterés por las mayorías, la injusticia social, la pobreza y la inseguridad. El triunfo del candidato de izquierda fue resultado de un descontento creciente que, por fortuna, encontró una salida democrática en las urnas.
Héctor de Mauleón, “El nuevo tribunal de la verdad”, en El Universal, opina que a través de una vocera tartajeante, y dueña de un sentido del humor atrozmente fallido, quedó inaugurado ayer en México el nuevo Tribunal de la Verdad. Una moderna Inquisición quedará encargada de manera oficial de perseguir y señalar, de llevar a la picota a réprobos que difundan todo aquello que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador considere imprecisión o mentira, a fin de que “se vaya mejorando la vida pública”, de que aparezca, según el presidente, una ciudadanía “no susceptible a la manipulación” y prevalezca “la verdad”, que es, como se sabe, “la que nos hace libres”.
Raymundo Riva Palacio, “Por mi boca hablara López-Gatell”, en El Universal, opina que es lamentable, pero previsible, que el presidente Andrés Manuel López Obrador no haya descalificado las declaraciones de Hugo López-Gatell, que acusó a los padres de los niños con cáncer de intentos golpistas en colusión con sus adversarios de “derecha”. Lamentable porque una declaración frívola y mentirosa no fue descalificada por el presidente de todos los mexicanos. Previsible porque López Obrador no es presidente de todos los mexicanos, y tampoco es algo en lo que él no crea o haya dicho. El subsecretario de Salud, apaleado con argumentos e insultos en los medios y en las redes sociales, no es un personaje que se saliera del redil; es una voz del Presidente. El foro donde acusó los ánimos golpistas es el espacio que tienen en el Canal 22, del Estado mexicano, dos de sus ideólogos y asesores, los moneros de La Jornada Rafael Barajas, que dirige el Instituto de Formación Política de Morena, que recluta y capacita cuadros, y José Hernández, quienes lo invitaron a platicar sobre las medicinas, aparentemente para reforzar la idea de que las críticas por el desabasto están motivadas por los distribuidores y políticos a los que el gobierno les quitó un lucrativo negocio.
Hoy no hubo mañanera.





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