Mirada Política
- Onel Ortiz

- 30 abr 2021
- 3 min de lectura
Fernando Vázquez Nájera
Analista político y asesor legislativo
@ferbonobox
Soy de las personas que creen que el presidente Andrés Manuel López Obrador actúa siempre con estrategia, así sea una muy básica, pero lo hace de una forma constante. Y no es cosa nueva, así es, al menos, desde que era presidente del PRD, cuando lo conocí. Por eso, cuando una y otra vez lo escucho hablar denostando las instituciones del Estado mexicano que le resultan adversas, entiendo que el propósito último es justificar su proceder ante un escenario negativo y anticipa a quienes culpará de obstaculizar su proyecto político.
Lo que resulta un exceso absoluto es que, a poco más de un mes del día de la jornada electoral que se realizará el próximo 6 de junio, López Obrador se exprese tajantemente como líder partidista de Morena y su movimiento, no como presidente de la República, ni como Jefe de Estado. Establece un discurso donde ninguna institución autónoma por mandato constitucional tendría sentido porque, en última instancia, si se oponen a las leyes impulsadas por el presidente o a los candidatos de Morena, luego entonces se oponen a la democracia y se oponen al Pueblo.
Andrés Manuel aspiró y ambicionó siempre la Presidencia de la República no para transformar el profundo sentido unipersonal del ejercicio del poder, sino para profundizar el sentido autoritario y el ejercicio absoluto del poder presidencial. Resulta aún más contrastante su ejercicio del poder con los cuatro sexenios anteriores que, desde el PRD y en Morena, él contribuyó a acotar en la medida que se impulsaron cambios constitucionales y de diseño del Estado, precisamente para separar el ejercicio del gobierno federal de procesos institucionales que requerían independencia y autonomía del Poder Ejecutivo, como la generación de estadísticas confiables (INEGI), la realización de elecciones y resolver las controversias en materia electoral (IFE-INE y TRIFE) y la vigilancia del respeto a los Derechos Humanos (CNDH), por citar algunos de los órganos autónomos por mandato constitucional.
Si la elevación del tono del presidente era previsible ante los amparos contra leyes por él promovidas en materia de generación de energía eléctrica e hidrocarburos, o la relativa a la información personal requerida para mantener y contratar servicios de telefonía, lo era aún más cuando las instituciones electorales interpretaron y aplicaron la ley en perjuicio de los candidatos del partido en el poder. Pero lo que subyace en su malestar es que las cosas no le son favorables, en la medida que el apoyo social que imaginó a estas alturas de su sexenio no está ocurriendo.
El cúmulo de sectores sociales afectados de una u otra forma por su gobierno, incluye a ciudadanas y ciudadanos que le brindaron su voto en 2018. ¿De qué tamaño es la desesperanza creada? ¿Cuánto daño social se expresará en las urnas el próximo 6 de junio? ¿De qué tamaño es el daño de decisiones como la de no vacunar en igualdad de circunstancias al personal de salud de instituciones privadas y públicas, o bien el respaldo irrestricto a Félix Salgado Macedonio a pesar de los graves señalamientos de violencia sexual en contra del aspirante a gobernador de Morena? Además de sus fieles seguidores, ¿Quién se ha convencido del supuesto buen gobierno de la Cuarta transformación?
Éstas y muchas preguntas más encontraran un primer momento de respuesta en la próxima elección de junio, pero presumo que la segunda parte del sexenio transitará en unas circunstancias que no le gustan al presidente López Obrador, por ello prepara una ofensiva contundente para victimizarse y justificar su pobre desempeño como mandatario.
Las palabras tienen sentido por quién las dice, por cómo se dicen y en el contexto en que se dicen. El panorama para el grupo político gobernante y su líder no es el que anhelaban ni el que prometieron hace tres años. El desgaste acelerado del poder es notorio y se hará patente en buena medida con el próximo resultado electoral.





Felicidades buen articulo y esperamos más sensatez de la gente, vamos por el legislativo, para controlar las locuras de un enfermo y ambicioso del poder.