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Congreso sin legisladores

  • Foto del escritor: Onel Ortiz
    Onel Ortiz
  • 10 may 2021
  • 2 min de lectura

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Por Sebastián Rico

@jarimrico

10 de mayo de 2021


Vivimos en un país con más de 120 millones de habitantes. 500, de ellos, son electos cada tres años para ocupar una curul dentro de la Cámara de Diputados y; 128, cada seis años, para detentar el cargo de senador de la república; es decir, en el primer caso, sólo un 0.0004% de la población tiene el privilegio de representar a la mayoría, en el segundo caso, sólo un 0.0001%.


Qué privilegio ¿no?: formar parte de una minoría exclusiva, cuyas decisiones impactan a la gran mayoría de 120 millones de personas.


Sin embargo, usted se preguntará: ¿Qué hace un diputado o senador? En lo esencial, se encargan de los asuntos públicos de la sociedad, desde la vertiente legislativa. En otras palabras, tienen la responsabilidad de representar a los ciudadanos o estados, elaborar leyes, o normar los asuntos generales que les importan a los ciudadanos. Por ejemplo, la regulación de la seguridad social; salud, economía, trabajo y derechos laborales, por citar algunos.


Como ustedes recordarán, de los comics, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. En este sentido, los legisladores son titulares de un gran poder que se traduce en la posibilidad de incidir directamente en las vidas de los mexicanos a través de sus decisiones legislativas y parlamentarias, así como por medio de la discusión, aprobación o rechazo de propuestas de ley o reforma.


Ante este poder, recae una enorme responsabilidad. El legislador debe ser un ciudadano comprometido con sus votantes, con los ciudadanos que lo han hecho llegar al cargo, y también con las causas de éstos. Para cumplir con esos compromisos, el legislador debe poseer un ánimo de construcción en favor de los mexicanos. Dedicarse de tiempo completo a la reflexión y solución de los problemas que aquejan a la vida nacional. Lo cual logrará, a través del empeño, amor, estudio y experiencia.


De manera que, se requieren legisladores motivados por las causas generales, no personales. Personas íntegras que motiven el cambio. Visionarios de corto y largo plazo, que doten de soluciones inmediatas y mediatas para los problemas actuales y por venir. Vaya, pues, humanos de verdad, preocupados por la humanidad.


¿Cómo encontrar estos perfiles?


Se encuentran en los valores más profundos de nuestra sociedad. Nadie puede amar lo que no conoce. Por tanto, el ciudadano, que ama y se interesa por su tierra, es en potencia un gran candidato para representar los asuntos de su gente.


Sobran estos perfiles en cada rincón de nuestro país. Sin embargo, por tristeza, pocos de ellos logran acceder a los recintos legislativos; ya sea, por barreras o desinterés.

Actualmente, la Cámara de Diputados cuenta con muy pocas personas como ellas. Consideremos esto, como una falla de la democracia. No obstante, lo importante no es esto, sino encargarnos de lo que sigue. ¿De qué manera hacer llegar estos perfiles al congreso? ¿A quiénes le daremos nuestra confianza este seis de junio?


Antes de ser partidista, se es ciudadano, y antes de ser ciudadano, se es humano. No lo olvidemos. Votemos primero por los humanos, después por los ciudadanos y, por último, por los partidistas.











 
 
 

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