Confirmo que uno siempre vuelve a donde fue feliz
- Onel Ortiz

- 26 abr 2021
- 2 min de lectura
Por Sebastián Rico
@jarimrico
26 de abril de 2021
Hace un par de días estuve de visita, durante un fin de semana, en uno de mis terruños. Se trata de una ciudad en el sureste de Tamaulipas, de clima cálido y húmedo. Conocida por ser la tierra de la jaiba, un crustáceo.
Mi estancia obedeció a un compromiso familiar, pero también para tomar un respiro, de esos que relajan; dejan todo en suspenso, y te devuelven el camino y la inspiración. Sin duda, nunca debemos olvidar de donde venimos para saber a donde vamos.
Sin ser nativo de aquella ciudad, yo salí de ella hace más de 9 años; sin embargo, ella nunca salió de mí. Soy originario de la Ciudad de México. Cuando tenía cuatro años, mi familia decidió apostar sus sueños empresariales y familiares a esa ciudad porteña. Por lo cual, dejamos atrás la torta de tamal y El Ángel de la Independencia.
La popular colonia Del Pueblo fue la gran familia que recibió a mis padres, hermano, a la Clínica Santo Ángel, y al que escribe. En esta última visita, reencontré a los viejos amigos de la colonia, que en su momento nos brindaron su compañía, apoyo y lealtad. Con felicidad, de nuevo acudí a los tacos de Don Marcelo; por unos tacos de cecina, a la tienda de Doña Rosinda, a comprar agua y otros productos.
Estuve también en conocidos comercios de la ciudad, cuyos propietarios son personas de admirar, pues son empresarios con talento y talante.
No pude evitar desayunar gorditas en las “Gorditas Ayuntamiento”. Vecinas y amigos desde hace años. Su crecimiento ha sido enorme. Se justifica con su empeño y trabajo a lo largo de los años.
Donde se está mejor que enfrente. “El Porvenir”. Restaurante de pescados y mariscos. Asistí con mi madre, con la intención de llevar jaiba a la Frank. En la entrada nos encontramos a su simpático propietario, el reconocido Chef, Ángel García, quien nos dio la bienvenida con el mismo entusiasmo de siempre. Con él, tuvimos una breve conversación. Nos relató, con muchos detalles, la historia de El Porvenir, así como de su familia. Platicamos acerca del presidente López Obrador, pues el habitante de Palacio Nacional es amigo y visitante frecuente de este magnífico lugar, donde no sólo elaboran platillos del mar, sino que, a mi parecer, hacen arte culinario.
Si se va a la huasteca, es obligatorio comer enchiladas; ya sean, entomatadas, enfrijoladas, empipianadas, encremadas, etc. El lugar indicado para ello es El Lindero. Se los recomiendo. Es un comercio que ofrece los mejores sabores y colores de la comida huasteca.
Como imaginarán, mis días, por allá, fueron productivos en términos familiares, afectivos y culinarios. Recuperé los sabores, olores, abrazos y saludos, que necesitaba para seguir mi camino.
Confirmo que fui feliz en mi Tampico. Llevo en el corazón a esas personas, sonidos, colores y afectos, que me unen al puerto.
Por último, quiero compartirles que mi escapada a Tampico fue aún más memorable por dos razones. Primera, coincidí con los liderazgos políticos de la zona, de quienes me llevé mucho. Con uno de ellos, compartí una salida al bar muy divertida y valiosa. Segunda, conocí a una artista innata, que me sigue impresionando con su talento y persona, Claudia. Que tu voz continúe resonando en mí.





Comentarios