Andrés y Carlos
- Onel Ortiz

- 21 abr 2021
- 3 min de lectura
Por Onel Ortíz Fragoso @onelortiz 8 de abril de 2021
El conflicto mediático del momento lo protagonizan el Presidente Andrés Manuel López Obrador y el periodista Carlos Loret de Mola. Político que quiere hacer periodismo y periodista que quiere hacer política. Pleito entre un representante del primer Poder, el Ejecutivo y uno del Cuarto poder, la Prensa. En la tragicomedia que a veces es la política, el líder, el Príncipe, el mero mero, no sólo debe elegir a sus adversarios, sino debe tener la capacidad de crearlos. Por obra y gracias de sus continuas menciones en sus conferencias mañaneras, López Obrador convirtió a Loret de Mola en su principal adversario y por tanto, lo hizo un hombre muy poderoso en la opinión pública, como nunca lo había sido un periodista en la historia de México.
¿Qué se disputan López Obrador y Loret de Mola? No veo que López Obrador quiera ser periodista, comentarista o conductor de TV o radio; tampoco veo que Loret de Mola quiera ser diputado, senador, gobernador o presidente. Hay un espacio en que sí compiten: las redes sociales, particularmente Twitter. López Obrador tiene 7 millones 915 mil 128 seguidores y Loret de Mola 8 millones, 689 mil 794 seguidores. Son el político y el periodista con mayor presencia en las benditas redes sociales. Además de sus cuentas, López Obrador utiliza como plataforma su conferencia mañanera, en donde se produce la inmensa mayoría de la comunicación del Gobierno Federal y Carlos Loret cuenta con el portal Latinus, su columna en El Universal y su espacio radiofónico.
La palabra clave en esta disputa es credibilidad. En 2018, López Obrador no venció, noqueó a sus adversarios tradicionales, los dejó en la lona y no han podido levantarse. Los que han asomado la cabeza, como los expresidentes Fox y Calderón o personajes como Diego Fernández de Cevallos, que regresó a las redes sociales hace unas semanas, no sólo reciben la respuesta gubernamental, sino el rechazo de la sociedad. Los adversarios priistas, especialmente el ex presidente Enrique Peña Nieto, optaron por la discreción, Claudio X González y los empresarios aludidos por el Presidente, si operan, lo hacen desde las sombras. Los gobernadores de la Alianza Federalista, como Enrique Alfaro, Francisco García Cabeza de Vaca y Silvano Aureoles, que entraron muy gallos en contra del AMLO, después de dos rounds pidieron esquina. Personajes como Héctor Aguilar Camín y Enrique Krause, continuamente aludidos por el Presidente, contestan, pero no se enfrascan en polémicas. Brozo, el personaje, es sarcástico e irónico contra el Presidente, pero Víctor Trujillo, el hombre, no es suficientemente fuerte para enfrentarlo. Por otra parte, el titular del Ejecutivo ha mantenido una posición crítica ante el gobierno de Estados Unidos, pero no ha quemado sus naves en un conflicto que no puede ganar.
Sólo Carlos Loret, este periodista de cabellera rizada y pasado de claroscuros, con sus reportajes ha pegado en la línea de flotación del Presidente López Obrador. Sus trabajos pueden ser cuestionables de forma y de fondo, pero sin duda afectan la credibilidad del mandatario. El Presidente ha aclarado las acusaciones de las que ha sido objeto por parte de Loret y ahora ha optado por minar también la credibilidad del periodista, recordando cuestionamientos de otros tiempos.
Si el asunto se mantiene en redes y en medios, como hasta ahora, el pleito entre López Obrador y Loret de Mola seguiría estridente, pero al final será positivo. Serviría para sanear al servicio público y al periodismo, que buena falta les hace a los dos. No veamos este pleito únicamente entre un político y un periodista, sino entre dos influencer en las benditas redes.





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