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4/20

  • Foto del escritor: Onel Ortiz
    Onel Ortiz
  • 21 abr 2021
  • 2 min de lectura

Por Onel Ortíz Fragoso @onelortiz 20 de abril de 2021


Dice la leyenda que en 1971, Los Waldos, un grupo de estudiantes en California, Estados Unidos, solían juntarse a las 4:20 de la tarde, al terminar sus clases, para fumar marihuana. La subcultura del cannabis transformó ese número en el día 20 del mes 4 (4/20) como Día de la Marihuana. Este día, en varias ciudades mexicanas, colectivos, asociaciones y consumidores realizaron diversos actos, pero como no basta un día, otros armaron La Semana Cannabica del 20 al 25 de abril, con actividades musicales, artísticas y de emprendimiento.


Aunque hay jubilo por esta conmemoración, no puede pasarse por alto que el Congreso de la Unión no cumplió con la aprobación y promulgación de la reforma para la despenalización del consumo lúdico de la marihuana. Entre las idas y las vueltas del Senado y la Cámara de Diputados, entre las buenas intenciones y las peores prácticas parlamentarias; entre las ambiciones comerciales y los cálculos políticos, la reforma terminó nuevamente en la congeladora. Ahora será hasta septiembre, pasadas las tormentas de las elecciones del 6 de junio y al inicio de una nueva legislatura, cuando esta reforma tal vez vea la luz.


Es verdad que no existe un movimiento nacional masivo a favor de la despenalización del consumo de la marihuana, pero sí hay una resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que ponía como plazo, precisamente el 20 de abril, para realizar las reformas a las leyes correspondientes; así como, propuestas sustentadas de los colectivos y asociaciones del movimiento cannabico de porque debe despenalizarse su consumo. Además legisladores de casi todos los grupos parlamentarios habían manifestado su acuerdo con la reforma, algunos de ellos incluso hasta pasearon y posaron con sus plantitas de marihuana en los plenos de ambos recintos legislativos. De qué sirvió tanta escenografía si al final se congeló la reforma.


No soy un promotor del consumo de la marihuana, pero sí un defensor de las libertades y de los derechos, no únicamente desde el punto de vista jurídico, sino como realidades sociales y culturales. Los filósofos y teóricos del contrato social, identificaron desde hace siglos los derechos que en un Estado Liberal y Democrático conserva el individuo y cuales delega en el Estado. Al individuo le corresponde los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad; mientras que delega en el Estado el derecho a juzgar y a castigar. La Suprema corte resolvió que: "El derecho fundamental al libre desarrollo de la personalidad permite que las personas mayores de edad decidan -sin interferencia alguna- qué tipo de actividades lúdicas desean realizar".


Como ocurre siempre en la realidad, la sociedad va por delante de la autoridad. Creo mucho más en los ciudadanos que en los legisladores. El consumo lúdico de la marihuana está prácticamente normalizado en algunas zonas de la Ciudad de México y otros centros urbanos de nuestro país. Aspiro a un país de mujeres y hombres libres y conscientes de dichas libertades, pero sobre todo a un país sin dobles morales y controles paternalistas.


 
 
 

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