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Puebla: de los fundadores a los improvisados

Foto del escritor: Onel Ortiz
Onel Ortiz
hace 1 día
4 min de lectura

Por Onel Ortíz Fragoso

@onelortiz

Hace casi nueve años acudí a la casona ubicada en la esquina de San Luis Potosí y Córdoba, en la colonia Roma Sur, conocida popularmente como “Los Pinitos”, para conocer los resultados de algunas encuestas de Morena sobre las candidaturas a las principales presidencias municipales de Puebla. En aquel tiempo trabajaba como asesor de Miguel Barbosa, quien me pidió que asistiera en su representación, junto con Gabriel Biestro y Rodrigo Abdala. Después de esperar algunos minutos, nos hicieron pasar a una sala donde el equipo de encuestas nos entregó unos cuadros con los nombres y resultados de los aspirantes.

 

Por menos de un punto porcentual, Claudia Rivera Vivanco, activista social y fundadora de Morena en Puebla, había ganado la encuesta para convertirse en candidata a la presidencia municipal de la capital poblana. Gabriel Biestro no ocultaba su felicidad porque Claudia Rivera hubiera ganado la encuesta. No sólo eran amigos, sino parte de esa generación de activistas que tenían como referente a Carlos Figueroa y que habían corrido la milla en los días de vacas flacas. “Los búfalos”, como les llamaban a Miguel Barbosa, Alejandro Armenta y otros, serían los candidatos a la gobernatura y el Senado, pero el segundo puesto en importancia política del Estado sería para la base

 

Meses después, en las elecciones de 2018, Rivera ganó. Fue uno de los triunfos más importantes de Morena en Puebla. No solamente porque arrebató la capital a la derecha, sino porque representaba la llegada de una nueva generación de políticos surgidos de la organización social y de la construcción territorial del obradorismo.

 

La anécdota viene al pelo porque este fin de semana, en un acto que pareció más un espectáculo publicitario que un registro político, Gabriela “La Bonita” Sánchez anunció sus aspiraciones a convertirse en candidata de Morena a la presidencia municipal de Puebla. Acompañada por personajes cercanos al gobernador Alejandro Armenta, representantes de las nuevas élites políticas poblanas, más acostumbradas a las fotografías, los reflectores y las redes sociales que al trabajo territorial. Mirreyes poblanos, morenistas de ocasión. Una escenografía montada para presentar a una aspirante cuya única fortaleza política es su cercanía con el gobernador.

 

Días antes, José “Pepe” Chedraui, empresario y actual presidente municipal, había dejado entrever sus aspiraciones de reelegirse, aprovechando el anuncio de una inversión millonaria vinculada con Carlos Slim en el barrio de San Fernando. El mensaje político fue evidente: Chedraui quiere permanecer otros tres años en el Palacio Municipal. La disputa sucesoria comenzó anticipadamente y, detrás de las sonrisas y declaraciones de unidad, se asoma una confrontación por el control político de la capital entre el presidente municipal y el grupo del gobernador. Una disputa donde, hasta ahora, los grandes ausentes son los ciudadanos.

 

La pregunta resulta inevitable: ¿qué le pasó a Morena? ¿Cómo es posible que en menos de una década haya pasado de postular a una fundadora del movimiento a tener que elegir entre un empresario mediocre y una deportista sin experiencia en la administración pública? No se trata de descalificar a Gabriela Sánchez por su trayectoria deportiva, ni de negar que un empresario pueda ser buen gobernante. El problema es otro: la ausencia de proyectos, experiencia administrativa, conocimiento de los problemas municipales y compromiso político con los principios que dieron origen a Morena.

 

Tampoco se trata de idealizar el pasado. Claudia Rivera gobernó mal. Su administración estuvo marcada por conflictos políticos, problemas administrativos y una creciente distancia con sectores de la ciudadanía. En 2021 perdió su intento de reelección frente a Eduardo Rivera Pérez. La derrota representó una severa llamada de atención para Morena. Demostró que el respaldo presidencial y la identificación partidista no son suficientes para conservar el poder cuando los gobiernos municipales incumplen las expectativas ciudadanas. Los votos también castigan la incompetencia.

 

En 2024, Morena decidió apostar por un perfil diferente. José Chedraui, empresario con relaciones en distintos círculos económicos y políticos, fue postulado bajo la promesa de recuperar la capacidad de gestión de la capital. Ganó con alrededor del 53 por ciento de los votos frente a Mario Riestra y Rafael Cañedo. Se suponía que su llegada permitiría atraer inversiones, modernizar los servicios públicos y recuperar la seguridad. Sin embargo, a dos años de administración,  su gobierno ha sido una decepción. La distancia entre las expectativas que despertó su candidatura y los resultados de su gobierno es considerable.

 

Puebla se ha convertido en la capital de los baches. Las calles y avenidas deterioradas son el símbolo más visible de una administración que no consigue resolver los problemas elementales. Según los indicadores urbanos, más del 70 por ciento de los habitantes identifica el deterioro vial como una preocupación importante. La percepción de inseguridad también supera el 70 por ciento. A ello se agregan deficiencias en el alumbrado público, escasez de agua, congestionamientos, transporte insuficiente y problemas de recolección de basura. ¿De qué sirven los anuncios millonarios cuando los ciudadanos no pueden transitar con seguridad por sus propias calles?

 

En este contexto aparece la candidatura de Gabriela Sánchez, cuya principal explicación política está en las aspiraciones del gobernador Alejandro Armenta de controlar la sucesión municipal. Por supuesto, en una democracia cualquier ciudadano tiene derecho a buscar un cargo de elección popular. Pero una cosa es tener derecho a competir y otra contar con las capacidades necesarias para gobernar una ciudad de la complejidad de Puebla. La popularidad deportiva no sustituye la experiencia administrativa. Acaso no bastó para Morena la terrible y corrupta administración de Ana Gabriela Guevara en la Conade o de Cuauhtémoc Blanco en el gobierno de Morelos, para darse cuenta que popularidad deportiva no equivale a buen gobierno. Tampoco la cercanía con el gobernador equivale a un proyecto. Morena debería exigir algo más que lealtad personal a quienes pretenden representar sus siglas.

 

Lo preocupante es que, cuando volteamos hacia la oposición, el panorama resulta igualmente desolador. El PAN no termina de recuperarse de sus derrotas, el PRI perdió su presencia territorial, pero encontró acomodo en el gobierno de Armenta y Movimiento Ciudadano todavía no construye una alternativa competitiva. Puebla merece algo mejor que una disputa entre grupos económicos, familias políticas y aspirantes improvisados. Morena corre el riesgo de reproducir precisamente aquello que prometió combatir: candidaturas decididas desde el poder, políticos sin compromiso social y gobiernos alejados de la ciudadanía. ¿Hasta cuándo los poblanos seguirán tolerando la mediocridad política? La capital necesita gobernantes, no celebridades. Necesita servidores públicos, no subordinados del gobernador. Esa es la verdadera discusión rumbo a 2027.

Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.

 
 
 

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