El Otoño Francés


Por Onel Ortíz Fragoso
@onelortiz
El 8 de octubre, miles de estudiantes y jóvenes tomaron la plaza de la Bastilla, con imágenes que inevitablemente nos remontan a la historia, a aquella imagen icónica de la Libertad avanzando con el pueblo a su lado en el inicio de la Revolución francesa, y nos llevan a preguntarnos cuáles serán los alcances y consecuencias de la actual efervescencia de la protesta estudiantil de este otoño en Francia y cuál será la respuesta de un debilitado Emmanuel Macron.
El otoño llegó a Francia acompañado de una inusitada protesta estudiantil que, en su origen, exige mejores condiciones académicas, mayores recursos para las escuelas y universidades y más personal docente. Pero reducirlo a un problema de política pública sería un error. Las manifestaciones no son únicamente una protesta por profesores, horarios o edificios deteriorados.
Mientras en Madrid continúa la acampada en la Puerta del Sol, en protesta por el desahucio y la muerte de Maricarmen Abascal, en un contexto de encarecimiento de la vivienda y empresas buitre, las calles de París fueron tomadas por sus jóvenes, inicialmente por los alumnos de liceos y bachilleratos, para después extenderse a los universitarios.
Las protestas iniciaron en la periferia de París, donde estudiantes y profesores denunciaron vacantes docentes sin cubrir. El conflicto local se extendió a través de las redes sociales y las primeras manifestaciones se realizaron entre el 17 y el 21 de septiembre. Para finales de septiembre, casi 200 escuelas realizaban manifestaciones. Para el 1 de octubre, las movilizaciones adquirieron una dimensión nacional, pues las protestas rebasaron París y estallaron en Lyon, Lille, Marsella y otras ciudades francesas. El 6 de octubre, los manifestantes superaron la cifra de 250 mil, según los recuentos oficiales. El 8 de octubre realizaron la toma simbólica de la Bastilla.
Las manifestaciones francesas son una expresión del malestar juvenil frente a las desigualdades y las expectativas de movilidad social. Su desenlace dependerá de las respuestas concretas del gobierno y de la capacidad de los estudiantes para sostener la unidad y la movilización.
El gobierno del presidente Emmanuel Macron enfrenta dos problemas que tiene que atender de manera simultánea: responder a las demandas educativas y controlar los enfrentamientos en las calles. El gobierno ha desplegado más de 3 mil profesores sustitutos en los centros afectados. También abrió una consulta nacional para conocer las preocupaciones de los estudiantes y suspendió el uso de granadas aturdidoras.
La prueba de fuego para los estudiantes y el gobierno será el 13 de octubre, cuando está convocada una movilización nacional. Ojalá exista sensibilidad y capacidad del gobierno para encontrar una ruta de diálogo con los estudiantes que permita encauzar las movilizaciones hacia el mejoramiento de sus condiciones educativas. Otra vez Francia, otra vez son sus estudiantes los agentes del cambio.
Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.


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